9.6.17

COMENTARIO DEL EVANGELIO DE LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD



Dios Trinidad nos dé la Paz. Autor: Fano.

El sacerdote Francisco Castro, profesor del ISCR "San Pablo", ayuda a profundizar en el evangelio de la Solemnidad de la Santísima Trinidad. 

Dos horizontes

Aquella noche, Nicodemo volvió a cenar con el Maestro de Galilea. Su sintonía con la Palabra era misteriosamente total y desbordante. Y Nicodemo, esta vez, venía dispuesto a absorber algo de su secreto. Jesús complació el deseo de aquel sanedrita, buscador de la verdad. En un momento, desveló ante Nicodemo sus dos horizontes, que juntos daban explicación al magnetismo de su persona: Dios y el mundo. Con paciencia y delicadeza, Jesús le invitó así a poner en cuestión sus seguridades de fariseo cumplidor, que le alejaban tanto de Dios como de los hermanos.

Un primer horizonte que explorar: Dios. Dios no cabe en los balbuceos de nuestro pobre pensar, ni en las previsiones mezquinas de nuestros códigos de conducta. Jesús venía a decirle: “Dios no es así, no es así... Dios no puede más que amar. Dios es amor. Dios no condena, Dios salva”.

Un segundo horizonte, como el primero, inabarcable: el mundo. El mundo está tejido de amor, es creación. Pero necesita ser mirado con misericordia, reorientado, transformado. En el mundo hacen falta la luz de la fe, el tesón de la esperanza, el bálsamo de la caridad. Y el Hijo de Dios se ha humanado, ha entrado en el mundo, para encender los corazones en este fuego, en este gozo, en esta bondad. Que el universo entero refleje, de este modo, su origen y fundamento, que se reconozca en él una invitación a confiar y a amar sin excusas. Una invitación que viene de muy lejos, al mismo tiempo de muy hondo, y que no pueda más que arrancar de nuestros labios una exclamación de alabanza y gratitud. ¡Gloria!

PUBLICADO EN DIÓCESIS DE MÁLAGA.