11.11.17

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO




El profesor de los Centros Teológicos Antonio M. Montosa ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario.

¡Que llega el esposo!

Jesús enseña a sus discípulos los misterios del Reino de los Cielos en parábolas. En ésta se usa la imagen nupcial. Diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas han sido precavidas y, además de las lámparas, llevan aceite, porque no se sabía a la hora que podía llegar el esposo. A las otras cinco les faltó prevención y no llevaron consigo aceite. Cuando llega el esposo, unas pueden participar de la alegría de la fiesta y de la boda, mientras otras quedan fuera.

La imagen de Dios esposo aparece ya en el Antiguo Testamento para describir la relación de Dios con su pueblo. Mateo usa esta imagen para designar a Jesús, el Señor, como esposo. Pero no el Jesús terreno, sino el ausente, el Resucitado, el que está por venir al final. El deseo de la venida escatológica de Jesús se trasforma en una experiencia de espera: el esposo tarda más de lo debido en llegar. No importa cómo se esté en esta espera, si dormido o despierto, lo importante es estar preparado. Quién no esté preparado puede perderse el momento de participar en el tiempo salvador, tiempo de la presencia de Jesús, tiempo que Jesús calificó como tiempo de alegría nupcial.

La parábola es inicio del capítulo 25 de Mateo que culmina con la del Juicio Universal. Y proclamada en este domingo cercano al final del año litúrgico nos hace tomar conciencia de prepararnos para la hora final de la personal muerte de cada uno y de la consumación final de la historia humana para todos. No basta creer en su venida, igual de necesario es preparar la salida a recibirlo para nuestro feliz encuentro eterno.

PUBLICADO EN DIÓCESIS DE MÁLAGA.