19.8.17

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 20 DE AGOSTO, DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO



Siendo levadura en la masa. Fano


El sacerdote Antonio Aguilera, deán de la Catedral de Málaga y profesor en los Centros Teológicos de la Diócesis, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XX del Tiempo Ordinario.

La extranjera

Aquella mujer, extranjera y pagana, es una madre necesitada: tiene su hija enferma «con un demonio muy malo», y ha oído hablar de la bondad y del poder de Jesús –la noticia de sus curaciones había corrido por todas partes–, y acude a él rogándole que cure a su hija: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David». 

En el comienzo del diálogo, las palabras de Jesús son duras. Con ellas, Mateo quiere mostrar la dureza judía (y quizás la dureza y el error de gente de su comunidad, miembros provenientes del judaísmo), pero la mujer insiste, «se postró ante él, y le pidió de rodillas: -Señor, socórreme». Es que esta mujer es madre, le duele su hija, está necesitada y por lo que ha oído tiene ya fe en la bondad y la fuerza de Jesús: le ha llamado «Señor, Hijo de David”.

Y Jesús cura a su hija. Jesús se salta la frontera “mental” que cierra a sus paisanos, sale a los paganos y cura a quien lo necesita. Jesús denuncia así nuestros encerramientos, sale a los necesitados (judíos o paganos) y denuncia y rompe así esa mentalidad antidivina y antihumana de “los nuestros”, “los míos”, “mi” grupo... 

La salvación de Dios es “de Dios”, que es Padre de todos. A Dios le duelen por igual todos sus hijos... Y rompe fronteras, y sale a todos, y cura a todos. 

¿Me mantengo yo aún encerrado en “lo mío”, en “los míos”, o salgo yo a los demás, a todos, escuchando, aprendiendo, sirviendo y curando? ¡Señor, haznos ser una “Iglesia en salida”, una Iglesia con los brazos abiertos, una mujer o un hombre siempre en actitud de acogida y servicio a todas las gentes!

PUBLICADO EN DIÓCESIS DE MÁLAGA.